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martes, 25 de agosto de 2009

Trato injusto a los motoristas

Quizás sean imaginaciones mías, pero siento que cada vez hay una mayor falta de respeto a la moto y a los moteros. Muchas veces uno se siente discriminado o maltratado o menospreciado por el hecho de ir en una moto frente al resto de usuarios de las vías públicas. Es cierto que son mayoría los que usan el automóvil y que somos una minoría los que vamos en moto, pero creo que eso no da derecho al trato injusto que recibimos frecuentemente.

Al mismo tiempo, a veces tengo la sensación de que los usuarios de la moto estamos resignados a ese trato de segunda categoría. Como si fuera algo inevitable. De acuerdo que no nos podemos ir enfadando en todos sitios, pero sí que creo que a veces pecamos de conformistas y ayudamos a perpetuar ese trato discriminatorio. A continuación van algunos ejemplos concretos.

Los peajes. En gran parte de España pasa algo que prácticamente no he visto en ningún otro lugar: las motos pagan el mismo peaje que los coches. ¿Es lógico que un vehículo de 2 ruedas y 250 kgs. de peso pague lo mismo que otro de 4 ruedas y una tonelada (o más)? Desde luego, el desgaste que sufre la autopista es bien diferente. Y por ello las motos pagan menos en la práctica totalidad de autopistas del mundo (o directamente no pagan como es habitual en muchos países de Latinoamérica). En cambio, la concesionaria de la AP-2 y la AP-7 (o sea, las más habituales en la costa mediterránea) aplica tarifa única a coches y motos. Un trato claramente injusto.

El prepago de las gasolineras. En este caso, gran parte el problema parece compartido con el automóvil. Pero no es exactamente así: en los coches es muy habitual poner un importe exacto mientras que las motos usualmente llenamos el deposito. Y ahí es donde radica gran parte de los problemas. Cada vez hay más sitios que te cobran un importe “de garantía” superior a lo que cabe en el deposito para luego hacer el abono de la diferencia. O sea, doble cola y doble tiempo. Y sobretodo, tener que sentir el trato desconfiado de la gasolinera: “como no me fio de que no seas un ladrón te hago pagar antes”. Somos clientes, no ladrones. La solución a los problemas de las gasolineras no pasa por tratar a todos sus clientes como ladrones. Por lo pronto, ya tengo identificadas unas cuantas a las que no voy. Pero el prepago se va generalizando y nos va cercando.

El precio de los parkings (por horas o una noche). Cuando uno está de viaje y tiene la moto cargada muchas veces no se atreve a dejarla en la calle para evitar la visita de los amigos de lo ajeno sobre la carga, que habitualmente es vulnerable. Ahí empieza el problema: encontrar un parking en el que permitan aparcar a las motos, que no es todo lo frecuente que puede parecer. Una vez lo encuentras, normalmente vas a acabar pagando lo mismo que un coche por aparcar la moto en un rincón inservible o junto a alguna pared. Pero bueno, estás de viaje y tragas con todo: lo importante es dejar la moto guardada.

El pupilaje en los parkings (por meses). ¿Habéis calculado la proporción del precio del pupilaje mensual de las motos respecto al de los coches?. Desde luego, la proporción no guarda relación con la realidad del espacio que ocupan ambos vehículos. Por ejemplo, donde yo aparco, las motos pagan alrededor del 40% del precio de un coche (aunque he encontrado algunos casos en que llegan al 60%) cuando el promedio de las motos que caben en una plaza de coche está entre 4 y 5. Sin contar que normalmente para las motos reservan aquellos espacios incómodos en que los coches no caben o no pueden maniobrar con comodidad. Nos dan un servicio de segunda calidad con precio de primera, eso sí.

Esas son solo algunas experiencias, pero sin esforzarse demasiado se pueden mencionar otras: la prohibición de entrar con los cascos en la mano en muchos supermercados e hipermercados (se me olvidaba que todos los moteros somos ladrones en potencia…), los pocos aparcamientos de motocicletas en la calzada (frente a los espacios destinados al automóvil), el trato en los talleres de neumáticos (les da mucha más pereza desmontar una rueda de moto), los caminos de tierra cerrados al paso de motos (en cambio, los 4×4 pueden entrar sin problemas), etcétera,...

Bueno, quizás me ha salido un post un poco quejica, pero es que ya hace tiempo que me da mucha rabia cada vez que lo veo. Creo que hemos de ser capaces de exigir un trato justo. No estoy pidiendo ventajas, sino solamente un trato justo.

lunes, 10 de marzo de 2008

Mensaje del Gran jefe Seattle

El estado de Washington, al noroeste de Estados Unidos, fue la patria de los Dewamish, un pueblo que, como todos los indios, se consideraba una parte de la Naturaleza, la respetaba y la veneraba, y desde generaciones vivía con ella en armonía. En el año 1855 el decimocuarto Presidente de los Estados Unidos, el demócrata Franklin Pierce, les propuso a los Dewamish que vendiesen sus tierras a los colonos blancos y que ellos se fuesen a una reserva. Los indios no entendieron esto. ¿Como se podía comprar y vender la Tierra? A su parecer el hombre no puede poseer la Tierra, así como tampoco puede ser dueño del Cielo, del frescor del aire, del brillo del agua. El Jefe Seattle, el Gran Jefe de los Dewamish, dio la respuesta, a petición del Gran Jefe de los blancos, con un discurso cuya sabiduría, critica y prudente esperanza, incluso hoy, casi 150 años después, nos asombra y admira. "Mis palabras son como las estrellas, nunca se extinguen", dijo el Gran Jefe Seattle. Su pueblo no ha sobrevivido, sus palabras no se escucharon.





www.Tu.tv
Mensaje del Gran Jefe Seattle, de la tribu Dewamish,
al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Franklin Pierce.

El Gran Jefe Blanco de Washington nos envió un mensaje diciendo que quiere comprar nuestras tierras. El gran jefe nos envió también palabras de amistad y de buena voluntad. Esto es muy amable por su parte, pues sabemos que él no necesita nuestra amistad. Sin embargo nosotros meditaremos su oferta, pues sabemos que si no vendemos vendrán seguramente hombres blancos armados y nos quitarán nuestras tierras.

Pero, ¿cómo es posible comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Nosotros no comprendemos esta idea. Si no somos dueños de la frescura del aire, ni del reflejo del agua, ¿cómo podréis comprarlos?

Nosotros tomaremos una decisión. El Gran Jefe de Washington podrá confiar en lo que diga el jefe Seattle, con tanta seguridad como en el transcurrir de las estaciones del año. Mis palabras son como las estrellas, que nunca tienen ocaso.

Cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante aguja de pino, cada grano de arena de las playas, cada gota de rocío de los sombríos bosques, cada calvero, el zumbido de cada insecto... son sagrados en memoria y experiencia de mi pueblo. La savia que asciende por los árboles lleva consigo el recuerdo de los pieles rojas.

Los muertos de los hombres blancos olvidan la tierra donde nacieron cuando parten para vagar entre las estrellas. En cambio, nuestros muertos no olvidan jamás esta tierra maravillosa, pues ella es nuestra madre. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas, el venado, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos.. Las cumbres rocosas, los prados húmedos, el calor del cuerpo de los potros y de los hombres, todos somos de la misma familia.

Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos comunica que piensa comprar nuestras tierra exige mucho de nosotros. Dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir agradablemente y que él será nuestro padre y nosotros nos convertiremos en sus hijos.

Pero, ¿es eso posible? Dios ama a vuestro pueblo y ha abandonado a sus hijos rojos. El envía máquinas para ayudar al hombre blanco en su trabajo y construye para él grandes poblados. Hace más fuerte a vuestro pueblo de día en día. Pronto inundaréis el país como ríos que se despeñan por precipicios tras una tormenta inesperada. Mi pueblo es como una época en regresión pero sin retorno. Somos raza distintas. Nuestros niños no juegan juntos y nuestros ancianos cuentas historias diferentes. Dios os es favorable y nosotros, en cambio, somos huérfanos.

Nosotros gozamos de alegría al sentir estos bosques. El agua cristalina que discurre por los ríos y los arroyos no es solamente agua, sino también la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos nuestras tierras debéis saber que son sagradas y enseñad a vuestros hijos que son sagradas y que cada reflejo fugaz del agua clara de las lagunas narra vivencias y sucesos de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos que sacian nuestra sed. Ellos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras debéis recordar esto y enseñad a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y que, por tanto, hay que tratarlos con dulzura, como se trata a un hermano.

El piel roja retrocedió siempre ante el hombre blanco invasor, como la niebla temprana se repliega en las montañas ante el sol de la mañana. Pero las cenizas de nuestros padres son sagradas, sus tumbas son suelo sagrado, y por ello estas colinas, estos árboles, esta parte del mundo es sagrada para nosotros. Sabemos que el hombre blanco no nos comprende. El no sabe distinguir una parte del país de otra, ya que es un extraño que llega en la noche y despoja a la tierra de lo que desea. La tierra no es su hermana sino su enemiga y cuando la ha dominado sigue avanzando. Deja atrás las tumbas de sus padres sin preocuparse. Olvida tanto las tumbas de sus padres como los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el aire, como cosas para comprar y devastar, para venderlas como si fueran ovejas o cuentas de colores. Su voracidad acabará por devorar la tierra, no dejando atrás más que un desierto.

Yo no sé, pero nuestra forma de ser es diferente a la vuestra. La sola visión de vuestras ciudades tortura los ojos del piel roja. Quizá sea porque somos unos salvajes y no comprendemos. No hay silencio en las ciudades de los blancos. No hay ningún lugar donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o el zumbido de los insectos. Quizá sea sólo porque soy un salvaje y no entiendo, pero el ruido de las ciudades únicamente ofende a nuestros oídos. ¿De qué sirve la vida si no podemos escuchar el grito solitario del chotacabras, ni las querellas nocturnas de las ranas al borde de la charca? Soy un piel roja y nada entiendo, pero nosotros amamos el rumor suave del viento, que acaricia la superficie del arroyo, y el olor de la brisa, purificada por la lluvia del medio día o densa por el aroma de los pinos.

El aire es precioso para el piel roja, pues todos los seres comparten el mismo aliento: el animal, el árbol, el hombre..., todos respiramos el mismo aire. El hombre parece no notar el aire que respira. Como un moribundo que agoniza desde hace muchos días, es insensible a la pestilencia.

Pero si nosotros o vendemos nuestras tierras no debéis olvidar que el aire es precioso, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que mantiene. El aire dio a nuestros padres su primer aliento y recibió su última expiación. Y el aire también debe dar a nuestros hijos el espíritu de la vida. Y si nosotros os vendemos nuestras tierras, debéis apreciarlas como algo excepcional y sagrado, como el lugar donde también el hombre blanco sienta que el viento tiene el dulce aroma de las flores de las praderas.

Meditaremos la idea de vender nuestras tierras, y si decidimos aceptar, será sólo con una condición: el hombre blanco deberá tratar a los animales del país como a sus hermanos. Yo soy un salvaje y no lo entiendo de otra forma. Yo he visto miles de bisontes pudriéndose, abandonados por el hombre blanco tras matarlos a tiros desde un tren que pasaba. Yo soy un salvaje y no puedo comprender que una máquina humeante sea más importante que los bisontes, a los que nosotros cazamos tan sólo para seguir viviendo.

¿Qué sería del hombre sin los animales? Si los animales desaparecieran el hombre también moriría de gran soledad espiritual. Porque lo que le suceda a los animales, también pronto le ocurrirá al hombre. Todas las cosas están relacionadas entre sí. Lo que afecte a la tierra, afectará también a los hijos de la tierra.

Enseñad a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñado a nuestros hijos: la tierra es nuestra madre. Lo que afecte a la tierra, afectará también a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen a la tierra, se escupen a si mismos. Porque nosotros sabemos esto: la tierra no pertenece al hombre, sino el hombre a la tierra. Todo está relacionado como la sangre que une a una familia. El hombre no creó el tejido de la vida, sino que simplemente es una fibra de él. Lo que hagáis a ese tejido, os lo hacéis a vosotros mismos.

El día y la noche no pueden convivir. Nuestros muertos viven en los dulces ríos de la tierra, regresan con el paso silencioso de la primavera y su espíritu perdura en el viento que riza la superficie del lago.

Meditaremos la idea del hombre blanco de comprar nuestras tierras. Pero, ¿puede acaso un hombre ser dueño de su madre? Mi pueblo pregunta: ¿qué quiere el hombre blanco? ¿Se puede comprar el aire o el calor de la tierra, o la agilidad del venado? ¿Cómo podemos nosotros venderos esas cosas, y vosotros cómo podríais comprarlas? ¿Podéis acaso hacer con la tierra lo que os plazca, simplemente porque un piel roja firme un pedazo de papel y se lo entregue a un hombre blanco? Si nosotros no poseemos la frescura del aire, ni el reflejo del agua, ¿cómo podréis comprarlos? ¿Acaso podréis volver a comprar los bisontes, cuando hayáis matado hasta el último?

Cuando todos los bisontes hayan sido sacrificados, los caballos salvajes domados, los misteriosos rincones del bosque profanados por el aliento agobiante de muchos hombres y se atiborren de cables parlantes la espléndida visión de las colinas... ¿dónde estará el bosque? Habrá sido destruido. ¿Dónde estará el águila? Habrá desaparecido. Y esto significará el fin de la vida y el comienzo de la lucha por la supervivencia.

Pero vosotros caminaréis hacia el desastre brillando gloriosamente, iluminados con la fuerza del dios que os trajo a este país y os destinó para dominar esta tierra y al piel roja. Dios os dio poder sobre los animales, los bosques y los pieles rojas por algún motivo especial. Ese motivo es para nosotros un enigma. Quizás lo comprendiéramos si supiésemos con qué sueña el hombre blanco, qué esperanza trasmite a sus hijos en la largas noches de invierno y qué ilusiones bullen en su imaginación que les haga anhelar el mañana.

Pero nosotros somos salvajes y los sueños del hombre blanco nos permanecen ocultos. Y por ello seguiremos distintos caminos, porque por encima de todo valoramos el derecho de cada hombre a vivir como quiera, por muy diferente que sea de sus hermanos.

No es mucho realmente lo que nos une. El día y la noche no pueden convivir y nosotros meditaremos vuestra oferta de comprar nuestro país y enviarnos a una reserva. Allí viviremos aparte y en paz. No tiene importancia dónde pasemos el resto de nuestros días. Nuestros hijos vieron a sus padres denigrados y vencidos. Nuestros guerreros han sido humillados y tras la derrota pasan sus días hastiados, envenenando sus cuerpos con comidas dulces y fuertes bebidas. Carecen de importancia dónde pasemos el resto de nuestros días. Ya no serán muchos, Pocas horas más quizás un par de inviernos, y ningún hijo de las grandes tribus que antaño vivían en este país y que ahora vagan en pequeños grupos por los bosques, sobrevivirán para lamentarse ante la tumba de un pueblo, que era tan fuerte y tan lleno de esperanzas como el nuestro.

Pero cuando el último piel roja haya desaparecido de esta tierra y sus recuerdos sólo sean como la sombra de una nube sobre la pradera, todavía estará vivo el espíritu de mis antepasados en estas riberas y en estos bosques. Porque ellos amaban esta tierra como el recién nacido ama el latir del corazón de su madre.

Pero ¿por qué he de lamentarme por el ocaso de mi pueblo? Los pueblos están formados por hombres, no por otra cosa. Y los hombres nacen y mueren como las olas del mar. Incluso el hombre blanco, cuyo dios camina y habla con él de amigo a amigo, no puede eludir ese destino común. Quizás seamos realmente hermanos. Una cosa si sabemos, que quizás el hombre blanco descubra algún día que nuestro Dios y el vuestro, son el mismo Dios. Vosotros quizás pensáis que le poseéis, al igual que pretendéis poseer nuestro país, pero eso no podéis lograrlo. Él es el Dios de todos lo hombres, tanto de los pieles rojas como de los blancos. Esta tierra le es preciosa, y dañar la tierra significa despreciar a su Creador

También los blancos desapareceréis, quizás antes que las demás razas. Continuad ensuciando vuestro lecho y una noche moriréis asfixiados por vuestros propios excrementos.

Nosotros meditaremos vuestra oferta de comprar nuestra tierra, pues sabemos que si no aceptamos vendrá seguramente el hombre blanco con armas y nos expulsará. Porque el hombre blanco, que detenta momentáneamente el poder, cree que ya es Dios, a quien pertenece el mundo.

Si os cedemos nuestra tierra amadla tanto como nosotros la amábamos, cuidadla tanto como nosotros la cuidamos, y conservad el recuerdo de tal como es cuando vosotros la toméis.

Y con todas vuestras fuerzas, vuestro espíritu y vuestro corazón, conservarla para vuestros hijos y amadla como Dios nos ama a todos.

Pues aunque somos salvajes sabemos una cosa: nuestro Dios es vuestro Dios. Esta tierra es sagrada. Incluso el hombre blanco no puede eludir el destino común. Quizás incluso seamos hermanos. ¡Quien sabe!

jueves, 21 de febrero de 2008

Culpable o Inocente

Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media, un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso, desde el primer momento buscaron a un "chivo expiatorio" para encubrir al verdadero culpable.

El hombre fue llevado a juicio, ya conociendo que tendría escasas o ninguna oportunidad de escapar al terrible veredicto: ¡LA HORCA!

El Juez, también cómplice, cuidó de dar todo el aspecto de un juicio justo y por esta razón le dijo al acusado: - "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tu escogerás uno de ellos y será la mano de Dios la que decida tu destino"

Por supuesto, el funcionario corrupto había preparado dos papeles con la misma leyenda: "CULPABLE" y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se dio cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria. El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.

Éste inspiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados pensando, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, escogió y agarró uno de los papeles y llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente. Sorprendidos e indignados los presentes, le reprocharon airadamente.

Pero... ¿qué hizo?... ¿Y ahora?... ¿Cómo vamos a saber el veredicto? - "Es muy sencillo" respondió el acusado, "Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos que decía el que yo escogí"

Con rezongos y disgustos mal disimulados, tuvieron que liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo. Moraleja: Por más difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de buscar la salida ni de luchar hasta el último momento.


¡¡¡ SE CREATIVO !!! CUANDO TODO PAREZCA PERDIDO, USA LA IMAGINACION. En los momentos de crisis: "Sólo la imaginación es más importante que el conocimiento"



Texto: Albert Einstein

sábado, 16 de febrero de 2008

Por tres cochinos minutos

Por tres cochinos minutos


“A ver si consigo que me leas con atención, Fulano o como te llames. Porque hace poco me mataste a un amigo. Y digo amigo, porque lo era. De verdad. No le había visto la cara nunca, pero eso no importa. Lo era, repito.

Leía mis libros, y también esta página cada semana. Tenía 28 años, era bien parecido, deportista, corría diez kilómetros cada día. Buena pinta, sano y fuerte. Además era un tipo noble, sencillo, derecho, con sentido del honor como los de antes, con palabra, apretón de manos franco, y todo eso. Con sentido del humor, además, lo que era un regalo, un don de la existencia para quienes estaban con él. Había aprendido a disfrutar de la vida con dignidad y con decencia. Hay gente que vive noventa tacos de almanaque y nunca llega a ser tan sabia y lúcida como lo era él. Amaba el mar, como yo. Tenía una familia, una novia, unos amigos. Tenía una perra que ahora lo busca con ojos leales y tristes, moviendo el rabo esperanzada cada vez que alguien roza la puerta. Tenía un futuro. Si tú se lo hubieras permitido, habría llegado a ser un tipo de esos que hacen el mundo soportable, en vez de una cloaca sucia y oscura, a merced de irresponsables como tú.



También tenía una moto, aunque no era uno de los que van haciendo el cimbel como suicidas prematuros. Aquella mañana circulaba despacio, cerca de la playa, con el casco puesto y guardando las precauciones adecuadas. Y ése fue el momento que elegiste, maldita sea tu estampa, para salir con el coche de la gasolinera a toda velocidad, saltándote tres carriles antes de girar en dirección prohibida, a fin de ahorrarte los cien metros hasta el siguiente cambio de sentido. Llevabas a tu mujer y a tu hijo en el coche, y aun así hiciste esa pirula. Te jugaste tu vida y la de ellos por ganar tres minutos, y arrancaste de cuajo la de otro. Le diste de lleno, clac. Moto y motorista a tomar por saco. Doce días en coma, luchando entre la vida y la muerte. Y luego, ya sabes. Como esos aparatitos de las películas: la línea recta en el monitor. Piiiii. Pero no era una película, sino la vida de un joven lleno de sueños y esperanzas. Por usar un lenguaje de cine y que lo entiendas, cretino: cuando matas a alguien le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría llegar a tener.



Por supuesto, ahora estás en la calle, tan campante. Los miserables como tú no van a la cárcel. Ignoro exactamente qué te cayó, si es que fue algo además de tres meses sin permiso de conducir. Si la gentuza de tu calaña fuera al talego cada vez que despacha a alguien, las cárceles iban a parecer el camarote de los hermanos Marx. No hay más que veros pasar al volante, inconscientes, letales, a toda leche, creyéndoos inmortales. Seguros, como fue tu caso, de que si alguien palma, será otro. Así que imagino que a estas alturas ya estarás conduciendo de nuevo, como si nada. Los jueces son comprensivos en esto, por lo general; y en cierta forma toco madera, porque la vida da muchas vueltas y nunca se sabe. Ignoro si un día seré yo quien tenga que verse ante un juez. Pero tales son las contradicciones de la vida. Además, lo mío es sólo una hipótesis: no suelo ahorrarme esos cien metros hasta el cambio de sentido, ni me salto los carriles de tres en tres, ni circulo como un majara. Lo tuyo es una realidad: estoy hablando de ti y de tu caso. No tengo toda la información, pero sí la sospecha de que, en vez de prohibirte conducir durante el resto de tu vida, o mandarte un año a trabajar, por ejemplo, al hospital de tetrapléjicos de Toledo, ayudando a gente a la que otros como tú jodieron la vida, supongo que la Justicia, benévola, habrá permitido que te redimas con el pago de una multa. Es lo que suele. Y ahora ni remordimientos tienes, ¿verdad? Parece mentira la capacidad de supervivencia y egoísmo del ser humano. Cómo nos convencemos a nosotros mismos de que la mala suerte, el destino, etcétera, tuvieron la culpa. Al final siempre resultamos asquerosamente inocentes. De todo. Y quién te ha visto y quién te ve. Quién reconocería ahora en ti al lloroso mierdecilla que se justificaba ante los guardias, desolado, frente al cuerpo tirado en el suelo, aquel día de la gasolinera. Pasa el tiempo, y nos justificamos, y si los dolores propios terminan diluyéndose en el recuerdo, para qué decir de los dolores ajenos.



Por eso escribo hoy esta página. Para recordártelo. Para contar que me arrebataste a un amigo al que nunca llegué a conocer. Para decirte que ojalá revientes. Cabrón.”

Texto: Arturo Perez Reverte
Fuente: XLSemanal

Los radares

En los últimos diez años, los de Picolandia me han puesto dos multas de tráfico, creo recordar. Nada grave: exceso de velocidad de once kilómetros por hora en vía de servicio y de veintialgo en
autovía. Las dos aforé religiosamente, sin recurrir nada, y tan amigos. El que la hace, la paga. Pero aun así, las dos veces me quedó cierta frustración rutera, pues nadie me detuvo para
identificarme. Sólo un coche entrevisto en el arcén, una mirada por el retrovisor mientras piensas «te han cazado, Arturete», y nada más. Ni flash usan ahora. Ningún guardia vestido de verde medio kilómetro más lejos, ordenándome parar y diciendo, con la mano en la visera: «Buenos días. Documentación, por favor», como mandan los cánones y la bonita tradición española. Nada. Al cabo de un mes o dos, carta oficial, etcétera. El hombre contra la máquina. Y punto.

Ahora me entero de que Tráfico va a invertir ocho millones y medio de mortadelos en nuevos radares fijos de carreteras. Y que se van a instalar –nunca lo adivinarían ustedes–, no en vías de doble sentido, donde ocurren siete de cada diez esparrames, sino en autovías y autopistas, donde la velocidad es más alta, pero el porcentaje de cebollazos más bajo. Dicho en corto: que esos ocho
kilos y medio no buscan evitar accidentes y salvar vidas, sino recaudar viruta. Que es de lo que se trata; porque una cosa es que las cifras negras de cada operación salida o llegada sean más o
menos estremecedoras, y otra que, con esto del carnet por puntos y la mayor prudencia de la peña que conduce, la Administración deje de sangrar al personal metiéndole el cinco de bastos en la pelleja.

Porque ojo. Jesucristo dijo hermanos, pero nunca dijo primos.

Faltaría más. De manera que esto de los radares fijos, y que a usted y a mí nos hagan fotos y nos enteremos un mes o dos más tarde, demuestra varias cosas, pero sobre todo una: que, demagogias y telediarios aparte, a las autoridades competentes les importa un carajo que vayamos a doscientos treinta por hora, que nos matemos en la próxima curva o que saltemos la mediana y nos llevemos por delante a una pareja de jubilados, a un viajante de comercio o a
quien sea. Lo que quieren es que la caja registradora haga cling, cling. Cualquier absoluto hijo de puta puede pasar como un rayo con el Bemeuve, poniendo en peligro la vida de todo cristo, y lo que hará el coche de tráfico emboscado o el radar fijo y maravilloso marca Toshiba, o la que tengan los radares, es hacer una foto estupenda de la matrícula del coche, que es lo que interesa: que los numeritos y letras se vean claros, para saber a qué propietario de coche adjudicársela y trincar. Pero al conductor, al fulano que en ese momento concreto es un peligro público, nadie lo para, ni lo identifica, y puede seguir quinientos o mil kilómetros adelante a la misma velocidad, hasta que se rompa la crisma o se la rompa a algún infeliz. La pasta está segura, y la cosa, resuelta. A partir de ahí, a la Administración, a Tráfico, a quien corresponda, le dará lo mismo que, si el conductor tiene medios, compre los puntos perdidos a alguna de las avispadas gestorías que los ofrecen por Internet; o si es coche puesto a nombre de una empresa, que el propietario tenga un compadre en Nueva York, Hong Kong o Nairobi, a cuyo permiso de conducir atribuirle el marrón. Y que reclamen allí.

Así que, aunque no sirva para un carajo, hoy quiero reivindicar mi derecho ciudadano a ser detenido e identificado en carretera cuando meta la gamba. Es más. Exijo que, una vez hecho el retrato de atentos al pajarito, una dotación de picoletos me corte el paso con la autoridad debida, me haga aparcar en el arcén con gesto enérgico, y tras afearme la conducta –se ha pasado varios pueblos, etcétera–, el guardia Sánchez me haga firmar la papeleta correspondiente mientras el cabo Martínez mueve la cabeza y dice, reprobador: «Debería darle vergüenza, señor Reverte». Más aún. En caso de que se me cruce el cable, y decida no parar y seguir a toda pastilla esquivando el control –que igual ese día me da por ahí–, reclamo mi derecho constitucional a ser perseguido por la Benemérita como Dios manda, con pirulos de destellos azules y sirenas de ordenanza, pi-po, pi-po, pi-po, derrapando en las curvas y todo eso, hasta ser reducido, identificado, esposado y puesto a disposición del juez Garzón, del juez Grande Marlaska o del juez
que sea. Uno paga lo que haga falta, que para eso estamos. Y más, mereciendo la multa o lo que corresponda. Pero puestos a que te la endiñen, por lo menos que sean guardias de carne y hueso, rediós. No una puta máquina.

Texto: Arturo Perez Reverte
Fuente: Muchomotor.net

Dos chicos y una moto

Es de noche y llueve desde hace unos minutos sobre la sinuosa carretera de Madrid al Escorial. Clap, clap, clap, hacen los limpiaparabrisas mientras conduzco con precaución. Es sábado por la noche, el tráfico de subida hacia la sierra es intenso, y las gotas de agua y el asfalto mojado reflejan destellos de faros. Al salir de una curva, los míos iluminan a dos chicos jóvenes montados en una motillo. Van inclinados hacia delante bajo la lluvia, con los cascos puestos y pegados al lado derecho de la carretera, mientras los coches pasan cerca, salpicándolos con turbonadas de agua. Es zona de urbanizaciones, la moto es pequeña, y al dar la luz larga confirmo que los chicos deben de tener diecisiete o dieciocho años y no van equipados para la carretera. Se trata, deduzco, de dos muchachos haciendo un trayecto corto. Seguramente viven en las cercanías y se dirigen a casa de un amigo, o a uno de los multicines o complejos recreativos próximos. El aguacero los sorprendió subiendo el puerto, y avanzan lo mejor que pueden, pegado el que va de paquete a la espalda del compañero, con la resolución insensata y valerosa de su extrema juventud. Jugándose literalmente la vida a las diez de la noche, a oscuras en una carretera, bajo la lluvia, para llegar a tiempo a la cita con los compañeros de clase, la pandilla de amigos –palabra mágica– o el par de chicas con las que están citados en la hamburguesería o el cine. Y mientras, disponiéndome a adelantarlos, pongo el intermitente a la izquierda para advertir de su presencia a los coches que vienen detrás de mí, pienso que no me gustaría ser hoy la madre o el padre que vieron salir a esos chicos de casa, oyeron el tubo de escape de la moto alejándose, y ahora escuchan golpear la lluvia en los cristales.

Sin duda me hago viejo, pienso. Demasiado. Por alguna extraña razón, esos dos muchachos en la motillo, tozudamente inclinados hacia delante bajo la lluvia, me remueven los adentros. Hace demasiado tiempo que dejé atrás líneas de sombra y demás parafernalia moza; pero aún recuerdo lo que puede sentirse a lomos de una moto que avanza trazando curvas en la oscuridad, impulsado, como esa pareja de frágiles jinetes nocturnos, por la amistad, el amor, el deseo de aventura, la irreflexiva osadía de la juventud firme, arriesgada, segura. Y es noche de sábado, nada menos. El tiempo que hay por delante está preñado de promesas. No hay lluvia, ni carretera negra, ni turbonadas de agua pulverizada al paso de coches indiferentes que enfríe el entusiasmo de dos jóvenes de diecipocos años que cabalgan resueltos a zambullirse expectantes, gozosos, en cuanto los aguarda. En la plena vida. Tal vez, mientras la lluvia azota las viseras bajadas de sus cascos y el agua les empapa cazadoras y pantalones, presienten la música que oirán dentro de un rato, oyen la risa leal de los amigos, ven ante sí los ojos de muchachas que esta noche los mirarán a los ojos para confirmarles que el mundo es un lugar maravilloso. Quizá porque van al encuentro de todo eso los dos chicos siguen adelante sin arredrarse, con su pequeña moto. Son jóvenes, sufridos, valientes. Y se creen eternos. Inmortales.

Mientras paso a su lado, adelantándolos entre turbonadas de lluvia, los miro de soslayo y les deseo suerte. Ojalá, pareja de impávidos pardillos, lleguéis sanos y salvos allí a donde os dirijáis, y el calor de los amigos os seque las ropas mojadas, la piel fría y las manos heladas. Que valga la pena lo que estáis pasando. Que la hamburguesa esté en su punto, la cocacola lo bastante fría, las palomitas crujan, la película sea tan buena como os dijeron, la chica sonría como esperáis y se deje besar esta noche por fin, o bien os acometa y bese ella, que tanto monta. Que podáis volver a casa sobre un asfalto seco y con la gasolina suficiente para que la motillo no os deje tirados, y que los padres que ahora miran angustiados el reloj sientan el inmenso alivio de oír abrirse la puerta de la calle o vuestros pasos en el pasillo al regresar. Que todo eso os pertenezca para siempre, y que esta valerosa determinación, dos muchachos solos en la noche subiendo un puerto peligroso, inclinados tenazmente bajo la lluvia, no os abandone nunca en otras carreteras. Amén.

Con tales pensamientos termino de adelantar, pongo el intermitente a la derecha y sigo adelante mientras queda atrás, en el retrovisor, el faro solitario de la pequeña moto. Dos chicos irresponsables, tontos y valientes, me digo perdiéndolos de vista. Ojalá lleguen a donde van. Ojalá lleguen todos.


Autor: Arturo Perez Reverte
Fuente: XLSemanal

domingo, 13 de enero de 2008

El gafotas

A quien no le ha pasado alguna vez esto?

Esta vez el viaje no ha sido muy largo, llego al pueblo de la concentración con más ganas de cachondeo y cervezas que cansancio. ¡Vaya mierda! No sé para que limpio la máquina. Entre los mosquitos y el agua de la carretera, viene hecha un asco, igual que mi cuero y las botas. De todas formas, mi amor es muy agradecida y, ante la más pequeña luz, no pierde la oportunidad de comenzar a enviar guiños en forma de destellantes reflejos. Cuando de pronto... ¡Agh! ¡Lo odio! Ya estamos como siempre.
Cinco niñatos sobre ruidosos ciclomotores me rodean. Retorcidos escapes que sueltan continuamente un humo blanco como si estuviesen friendo calamares dentro. Faros descolgados y algún carburador sujeto con un alambre. Sus caras de asombro y los codazos que entre ellos se reparten, me avisan que pronto comenzará la sesión de preguntas absurdas. Uno de ellos, el que tiene más cara de tonto, casi mete sus gafotas entre mis cilindros. ¿Qué estará buscando?... Verde. ¡Por fin! El semáforo se ha abierto y abro gas a fondo antes de que le dé tiempo a preguntar alguna sandez.
Los veo por el retrovisor haciendo el cabra al final de la avenida, pero no consigo borrar de mi mente la cara del "gafotas". Ese brillo en sus ojos, esa expresión entre admiración y deseo. ¿A quién coño me recordará este tío? Estoy seguro de que yo he visto antes esa cara. ¡No, por favor! ¡No puede ser! Lo acabo de recordar. Es igualito a mí cuando tenía quince años, cuando no podía evitar volver la cabeza al escuchar el ruido de una moto, cuando asaltaba a preguntas (seguramente estúpidas) a todo aquel que se bajaba de cualquier cosa con dos ruedas, cuando se me caía la baba viendo fotos y películas de tíos, que me parecían increíbles, sobre máquinas deslumbrantes. Cuando sobre mi "maravillosa" Mobilette llegaba a la cochera de Ovidio, perro viejo de las dos ruedas, y escuchaba absorto sus alucinantes historias sobre motos, concentraciones y viajes.
Acabo de recordar el día en que mientras viajaba en la parte de atrás del Seat 850 de mi viejo con toda la familia, no pude evitar gritar alterado al ver cómo nos adelantaban un par de bicilindros haciendo vibrar los cristales del ocho y medio. Juré, a voces, que yo tendría que hacer eso algún día. El coscorrón de mi vieja intentó devolverme a la realidad, pero creo que me dió demasiado fuerte y la idea se me quedó fija en la cabeza. Hace tiempo que mi sueño se convirtió en realidad. Pero este encuentro me ha hecho recordar que no siempre lo fue y que ,seguramente, algún motero me clasificó (no sin motivos) de "niñato con preguntas estúpidas". Me ha hecho pensar en lo injustos que somos algunas veces. Quiero que mis ráfagas vayan dirigidas hoy a todos los que sobre su ciclomotor retocado sueñan con la vibración de un auténtico hierro entre sus piernas, a los que incluso sin moto se sienten parte de nuestro mundo y a todos aquellos que cierran sus ojos cada noche mirando el poster de la máquina de sus sueños, jurándose que algún día será una realidad.
La trupe vespinera me ha dado alcance de nuevo, meto la mano en el bolsillo de mi chupa y saco unas pegatinas del Moto Club. "Toma chaval". Los ojos se le salen de la cara. Ni que le hubiese regalado mil duros. Y mientras se apresura a ponerla sobre el faro de su ciclomotor me pregunta: "¿A qué esta Harley tiene marcha atrás? Valdrá por lo menos cuarenta millones ¿Verdad?". ¿?¿? SIMBOLOS. Dios dame paciencia.

Texto original: Mateo (Bikerzone)

sábado, 12 de enero de 2008

He aprendido

No soy ni Demonio ni viejo. Probablemente no sé ni la mitad de cosas que hay que saber para dar consejos, por eso no lo hago. Pero los años, los kilómetros y, sobre todo, la gente me han hecho aprender unas cuantas cosillas. Para aprender no hace falta estudiar mucho, ni siquiera ser muy listo. La jodida universidad de la vida se explica muy bien y para aprender sólo hace falta tener la mirada atenta, la mente abierta y, si puede ser, la boca cerrada. Cada uno saca el partido que puede de lo mucho o poco que aprende y yo que, ni viejo, ni listo, quizás más loco que otro cosa, algo he aprendido:
He aprendido que la mejor moto del mundo es siempre la tuya, que la mejor carretera es la que te lleva donde eres bien recibido y que el mejor taller es al que tienes que ir poco. He aprendido que el valor de las cosas es el trabajo que te ha costado conseguirlo multiplicado por el tiempo que has tardado en lograrlo y sumado al número de satisfacciones que te ha dado. Que nada está mejor hecho que lo que has hecho con tus manos, que en todas partes hay gilipollas y que en ninguna de ellas vale la pena escucharlos. He aprendido que sólo los que hacen algo se pueden equivocar y que siempre vale la pena arriesgarse a hacerlo. También he aprendido que el que va más deprisa llega antes a todas partes, pero es el que suele ir a menos sitios. He aprendido que el mundo está lleno de borregos dispuestos a seguir al primero que ladre en vez de balar y que, de cada cien personas, noventa y nueve prefieren cargar cuarenta sacos de cemento antes que tomar una decisión.
He aprendido que el frío o el dolor siempre te afectan menos que el miedo que dan antes de tenerlos. Que una cerveza y un bocadillo de salchichón, cuando tienes hambre, saben mejor que una langosta cuando no la tienes. He aprendido que la gente prefiere quejarse mil veces de lo desgraciada que es, antes que hacer una sola cosa para dejar de serlo. He aprendido que no hay nadie más ignorante que los que leen siempre un libro y nadie más pobre que aquel al que le han dicho lo que tiene que pensar. He aprendido que hay personas que comienzan una conversación diciendo «tu no sabes quien soy yo» y también he aprendido que no vale la pena seguir escuchando.
He aprendido que si tienes una opinión sobre algo, siempre habrá aquien le parezca una mierda y que no por eso debes dejar de expresarla; pero también he aprendido que como dijo aquel famoso filósofo de la prehistoria D. Pedro Picapiedra: «en este mundo hay más de cuatrocientas personas y por tanto no vale la pena discutir con los que no te gustan, simplemente relaciónate con los que sí te gustan». Tardé mucho tiempo, pero también he aprendido que todas las cosas buenas de este jodido mundo mejoran con el tiempo (excepto las tetas de las tías, que con el tiempo se caen).
He aprendido muchas cosas y también he aprendido a ver todas las cosas que me quedan por aprender. Como puedes ver, no son muchas, pero alguna sí que he aprendido, ahora sólo me falta aprender a escribir, a callarme cuando sé que el hablar me puede causar problemas, a dejar de beber cuando comienza a moverse el suelo, a no meterme en broncas que no me afectan y a no mirar con ojos libidinosos a la mujer de mi prójimo.
No pretendo enseñarte nada pero espero que algo hayas aprendido, al menos a no leer ningún artículo firmando por un tal Mateo.
P.D. Recientemente he aprendido que el ojo del culo está directamente relacionado con los de la cara y que por eso, cuando te arrancas una "pelotilla", se te saltan las lágrimas.

Aportacion: Jorderic
Fuente: Mateo (Bikerzone)

martes, 11 de diciembre de 2007

Lo que no se debe de hacer

Teniendo en cuenta de que simpre nos fijamos en lo que hacen los demas, el cuerpo de la benemerita contribuye a explicar lo que no se debe de hacer en ningun caso, aqui teneis algunos ejemplos de lo que no esta bien.

Exceso de velocidad.
Uno de los principales problemas con los que se enfrenta el conductor es la velocidad, debemos tener en cuenta que es uno de los principales factores de riesgo en caso de un descuido o despiste a la hora de conducir, por lo que debemos procurar de conducir siempre teniendo en cuenta las recomendaciones que se nos ofrecen con las señales de trafico, ademas ultimamente debemos pensar que si sobrepasamos los limites establecidos, seremos fotografiados y posteriormente sancionados, por lo tanto no sobrepasar nunca los limites de velocidad.


Tomar direccion contraria.
No deberemos nunca tomar una direccion prohibida, debemos fijarnos con gran interes en todas las señales que nos indicaran el camino correcto, en este ejemplo se puede apreciar la señal que nos indica que es un lugar por el que no podemos pasar, esto nos puede ocasionar el encontrarnos con otros usuarios que circularian en el sentido correcto y seriamos los causantes de un accidente con graves consecuencias, por lo que no es recomendable que tomeis ejemplo de esta situacion.





Mantener la distancia de seguridad.
Algo muy importante a la hora de conducir, es mantener la distancia con el vehiculo que nos preceda, con ello evitaremos que en caso de encontrarnos con una frenada brusca nos de tiempo a reacionar evitando la posible colision, si aumentamos la velocidad deberemos aumentar la distancia de seguridad ya que el vehiculo necesitara mayor espacio para realizar la maniobra, tal y como se ve en esta imagen, nos demuestran como no debemos conducir cerca del vehiculo que tenemos delante.


Conduciendo una moto.
Aqui tenemos otra clara imagen donde un miembro nos demuestra que la maniobra de levantar la moto (Caballito) puede crearnos un riesgo innecesario de caida, la estabilidad de la maquina se ve afectada por esta maniobra bastante habitual de ver en algunas de las grandes competiciones donde se reune un gran numero de moteros por lo que no es nada recomendable realizarlas.

Otra de las variantes que solemos ver en plan de exibicion es la contraria de el ejemplo anterior y bastante mas peligrosa, al intentar de hacer este invertido corremos el riesgo de que la moto acabe de realizar por la fuerza de la gravedad un completo giro y sobrepase nuestro calculo con lo que acabariamos debajo de la moto y con posibles fracturas que tardariamos en curar, por lo que tampoco debemos realizar este tipo de maniobras que deben de quedar para los artistas de circo.




Alcohol.
Unas de las principales normas que debemos tener en cuenta es la de no ingerir ningun tipo de bebida alcoholica cuando tengamos intencion de realizar algun trayecto en un vehiculo a motor, estas substancias nos haran perder reflejos y aumentaran nuestro tiempo de reacion ante cualquier eventualidad que nos encontraramos mientras conducimos, por lo que no debe tomar en ninguna cantidad.





Agradecimientos a los miembros por la colaboracion ofrecida para la realizacion de este reportaje.

Texto: Peluco
Imagenes: Internet

jueves, 6 de diciembre de 2007

¡¡Que cojones hago alli sin mi moto !!

Otra fria mañana que tengo que madrugar hace un frio de los que te ponen los pelos de punta y encima estoy sin tabaco, bueno empezamos bien, de camino al trabajo me paro en un bar con idea de tomar un cafe y comprar tabaco, mientras lo tomaba, han entrado dos clientes que tras pedir, han comenzado una conversacion que me ha cautivado por verme reflejado, no he podido evitar de oirla debido a nuestra proximidad, mas o menos ya que mi memoria no da para mucho mas, intentare reflejar esa conversacion con permiso de los dos compañeros, que quedaron extrañados al pedirles permiso para publicar sus palabras.

- Pues si chico, me voy de vacaciones, estos dias los voy a pasar de muerte, yo paso de las fiestas que nos montan los grandes comercios para sacarnos el dinero y como te digo me voy a dar una vuelta con mi moto, con un poco de suerte hare unos cinco o seismil kilometros.

- Que piensas hacer en esos dias?

- Bueno, de momento me voy a embarcar en Barcelona hasta Genova y alli visitare distintas ciudades, quiero ver Roma, Florencia, ire subiendo hacia Padova y Venecia, con la intencion de atravesar Austria y llegar hasta Praga, me han dicho que es una pasada, despues quiero ver Berlin y bajare atravesando Alemania y Francia hasta llegar de nuevo a casa, ya se que son muchos dias, pero tengo mucha ilusion y lo mas importante es que ire con mi moto.

- Pero que dices, si estas quejandote de que no te quedan mas que treinta euros en la cuenta, como los vas a estirar, estamos hablando de un monton de gastos, comidas, gasolina, autopistas, ferrys, pensiones, etc..., si solo en tabaco ya te dejas la mitad del sueldo, como no hagas el dinero con un fotocopiadora en el garaje de tu casa, ya me contaras.

- Bueno ya se que no es facil, me he repasado todos los mapas que he pillado para ir acortando camino buscando atajos y he tenido que sacrificarme eliminando algunos puntos que tendre que dejar para las proximas vacaciones, a la hora de comer no siempre lo hare en restaurantes, puedo ir a base de bocadillos que siempre me saldra mas barato.

- ¡No hombre, que no! ¡Tu no estas bien de la cabeza! ¿Todo eso y en moto? ¿Por qué no te vas en avión como todo el mundo? Cuando llegues allí te puedes alquilar un una moto y seguro que te sale mas barato

- Si te lo tengo que aclarar no sabria que decirte, quizas tengas razon, es muy logico, ya se que son suficientes gastos como para pagarme un billete en primera a un destino exotico, pero que quieres que te diga, ¡¡ Que hago yo en un destino exotico, un paisaje precioso, unas curvas de vertigo, unos campos interminables y unos espectaculares mares, no pretenderas que visite esos lugares en un autobus turistico !!, ya se que la mayoria de la gente normal viajan asi, reservan sus dias para no encontrar inconvenientes y se evitan muchos problemas, pero sabes que hay gente que somos diferentes, a unos les da por ir a Santiago andando desde Perpignan, y que me dices de los que salen por esas carreteras dandole a los pedales y te los encuentras en Badajoz con una banderita alemana pegada en la bici, pues es lo mismo pero en moto.

- ¡¡ Y duro con la moto !!, ¿Pero chico que te da la moto?

- Anda, vamos a pagar que aun llegaremos tarde.

Para los que estan acostumbrado al calor del coche o el autocar, a la comodidad de los trenes, barcos, la rapidez de los aviones, y a las camas de los hoteles, como podemos explicarles lo que se siente cuando se va en moto, para la mayoria somos unos locos y no les cambiaremos la mentalidad por mucho que lo intentemos.
Simplemente me queda decir que yo si que lo entiendo, ojala pudiera disponer de unos dias para viajar en mi moto recorriendo las carreteras de medio mundo, solo puedo añadir que me dejo una envidia que tardare en olvidar.

Texto original: Peluco
Correcciones: Peluco

sábado, 10 de noviembre de 2007

Americanas o Japonesas


¿Por que tantas discusiones por la moto!
Que si, ¡Pijo mierda , que se habra creido por que vaya en una Harley!.
Que si, ¡Mira ese con la japo!. eso no es una moto!
Cada dia me pregunto mas que es lo que nos pasa, yo simplemente disfruto de cada momento que comparto con mi moto, de cada lugar que descubro gracias a mi querida maquina, y si ademas es en compañia de mis amigos, que mas puedo pedir, por que tenemos que ponernos fronteras entre nosotros, si al final nos une a todos la misma pasion, aqui no tenemos que ponernos fronteras, simplemente tenemos que hacer igual que con las notas musicales, son siete notas que unidas entre ellas forman cualquier tipo de musica para disfrute de todos, pensemos en nuestras siete notas: ruedas, chasis, motor, escape, sillin, manillar y horquilla, montalo como quieras y disfruta sin mirar a los demas diferentes a ti, musica y motos, las dos palabras empiezan con la misma letras, ¿te dice algo?

Simplemente dejemos que cada cual disfrute a su montura sea cual sea esta

domingo, 4 de noviembre de 2007

Me protegen o me atacan

Me vais a permitir que tenga un momento de reflexion sobre algo que considero muy conveniente en cuestion de seguridad sobre cualquier motorista y desde luego estoy totalmente a favor de su uso, el casco.

Ultimamente he estado dandole vueltas al tema de que nos lo impongan como una obligacion, sabemos que es un bien para todos el utilizarlos, pero de ahi a que nos obliguen va un abismo, mis dudas surgen cuando pienso en quien es el que decide cual es mi seguridad, esa persona que desde la DGT me pide que cuide de mi seguridad y para que no se me olvide me recuerda que me pueden sancionar, se ha parado a pensar quien es el que debe sancionar a la DGT por no mirar de mi seguridad completamente, de todos es sabido el polemico tema de los guardarrailes, ademas de la pintura deslizante, los cambios de asfalto, las alcantarillas, etc..

Si tienen tanto interes en sancionarnos cuando imcumplimos las normas, porque no declaran que cuando el fallo es de ellos son los unicos responsables de no cuidar todos los aspectos de nuestra seguridad.

Siempre estare al lado de la ley y desde luego entiendo que persigan a los conductores ebrios en cualquiera de sus modalidades de conduccion, (turismo, camion, moto, autocar), puedo alegrarme que busquen a quien ponen en peligro sus vidas y las de los demas haciendo carreras en la via publica o excediento los limites establecidos de velocidad, pero sigo preguntandome el porque obligaciones para unos y no para otros.

A la comunidad motera le esta costando que se reconozca el fallo de la administracion en protegernos de esas irregularidades que tienen que resolver sobre la seguridad en la carretera y la DGT solo mira a este colectivo con interes recaudatorio, ahora son mas por lo que pueden aportar mas a la administracion.

Somos mas caros para la sociedad que el que tiene una cirrosis?, o el que se parte un brazo escalando?, o una pierna por practicar el patinaje?, creo que si realmente tienen interes por nuestra seguridad deberian empezar a demostrarnos que realmente les importamos como personas tomando medidas que realmente nos den seguridad, y no demostrandonos lo bien entrenados que estan los agentes para saber por que motivo nos pueden sancionar.

A quien pueda hacer algo para solucionar estos temas, por favor dediquen mas su tiempo en darnos seguridad, dejen que conduzcamos por nosotros mismos, y no se preocupen tanto por no poder conducir por nosotros, gracias